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Qué gana una empresa que comunica, y qué pierde una empresa que calla: ingresos.

Por Asier Ibarrondo, Socio en DATA Comunicación.

“En Euskadi somos de hacer mucho y muy bueno, y de contar poco o nada”. “Somos capaces de ponernos de acuerdo con un alemán para diseñar un nuevo reactor, pero el del baserri de al lado que no se entere”.

Son frases que escucho muy a menudo. Y peleo contra quien defiende la ley del silencio corporativo.

Si tu competencia factura la mitad que tú, pero miras Google y él parece más grande, no es casualidad. Si estás en la terna final de candidatos a un proyecto y tu competidor aparece de repente en los medios de comunicación, no es casualidad. Si escuchas a la competencia dando una conferencia sobre un tema en el que el especialista eres tú, no es casualidad. Si tres empleadas fundamentales se van a la competencia, no es casualidad. Si vas a presentar un presupuesto y el receptor no tiene referencias claras tuyas, no es casualidad. Si lanzas un producto super bueno y no recibes la respuesta que esperas, no es casualidad.

Todas las empresas tienen que comunicar. Todas. Estos son algunos de mis argumentos:

  • Una empresa que no comunica no es percibida como una empresa dirigida por personas discretas, sino como una empresa que tiene algo que ocultar.
  • Una empresa que no comunica no es percibida como una empresa responsable, sino como una empresa a la que no le preocupa nada la opinión de sus empleados, clientes, proveedores, vecinos…
  • Las empresas tienen que hacer las cosas bien y contarlo, para dar la oportunidad a los grupos de interés de contrastar sus experiencias vividas con el relato corporativo. Forjando así una reputación que, de otra manera, queda en manos del azar.
  • Una empresa que no comunica pierde dinero. Mucho dinero.

Este último argumento es definitivo ¿eh?

Las acciones sirven para que cualquier organización pueda explicarle su proyecto, sus valores, sus hitos, a los diferentes grupos de interés. Al hacerlo, al hablar del proyecto de empresa (no de pájaros y flores), la organización se va forjando poco a poco una reputación acorde a su realidad.

Esta reputación provoca que nuestro equipo esté más alineado y comprometido con el proyecto o que nos ayude a atraer talento. Hace que nuestros clientes sean más fieles, nos compren más, e incluso nos prescriban. Hace que los legisladores hagan todo lo posible para que esa empresa siga en el territorio, porque es orgullo de país. Hace posible que los mejores proveedores de productos y servicios queramos trabajar con ellos.

No es casual que un jugador prefiera jugar en el Athletic o en la Real, que un licenciado en económicas envíe su CV al BBVA o al Santander (o que lo envíe a un banco o prefiera una startup más cool), que alguien se compre un Seat o un Renault, que viaje con Vueling o con Iberia, que contrate Euskaltel o Jazztel o que quiera trabajar en una ingeniería y no en otra.

Aspectos tangibles (precio, por ejemplo), influyen de manera evidente en la toma de decisiones. Pero en más de un 75% serán aspectos intangibles los que provoquen que la balanza se incline hacia un lado u otro, el que te lleve a consumir en una frutería y no en otra.

Hoy más que nunca, las expectativas sociales cambian rápidamente. Por ello las empresas necesitan prestar atención a lo que esperan sus grupos de interés, incorporar esas expectativas a su forma de hacer las cosas, y comunicarlo. Comunicar, sí. Porque de nada sirve hacer bien las cosas si los grupos de interés no se enteran.

Provocar comportamientos favorables, como puede ser atraer capital, clientes, talento, sólo se consigue cuando los inversores, futuros empleados, etc, saben de ti. Y por lo tanto tienes cierta influencia a la hora de conseguir que el juicio que van a hacer sobre ti sea favorable.

Cómo se gestiona la reputación

La comunicación, la gestión estructurada de la reputación corporativa, se gestiona conforme a parámetros que determinan cualquier conversación.

  1. Escucha. Esfuérzate por entender lo que esperan de ti los grupos de interés.
  2. Aplícate el cuento. Valora hasta qué punto esas expectativas se corresponden con lo que estás haciendo y utiliza esa información en tus decisiones y forma de actuar.
  3. Comunica lo que haces. Lo que haces, no lo que dices que vas a hacer.

Encuentra el equilibrio entre lo que tú quieres contar, y lo que los grupos de interés quieren saber. Esfuérzate para que los medios de comunicación sepan de ti y tengan interés por reflejar tus hitos relevantes, esfuérzate para que tus trabajadores y trabajadoras entiendan tu proyecto corporativo, para que tus clientes entiendan qué hay más allá del producto que están comprando…

Comunicar es una cuestión de actitud. No busques el hablar por hablar. No se trata de ser un charlatán, un pesado ni de ser omnipresente. Se trata de ser interesante y aportar valor. Se trata de hacer las cosas bien y contarlo de manera pertinente.

¿Qué sería del Rodrigo Díaz de Vivar si los juglares no hubieran pregonado a los cuatro vientos el cantar del mío cid? Igual nadie conoceríamos al Cid Campeador.

Gana hoy la batalla de cada día a día, pero no te olvides de contarlo. Porque tu empresa es interesante, y lo sabes.

 

Asier Ibarrondo
Socio en DATA Comunicación
asier@datacomunicacion.com
+34682596509

 

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