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Bilbao reconoce a 170 emprendedores/as que iniciaron un proyecto el año pasado de la mano de los servicios municipales

Noticia de Luis López en El Correo:

XV Gala Bilbao Emprende

“TODOS ESTOS SON UNOS VALIENTES”

 

A no ser que el plan pase por hacernos todos funcionarios, o por depender fundamentalmente de grandes multinacionales, es vital que haya emprendedores locales. Gente con iniciativa. Personas que se la jueguen para generar actividad económica. Empresarios, se decía antes. «Valientes», les llamó ayer el alcalde, Juan Mari Aburto.

La patronal vasca Confebask lleva años doliéndose de que cada vez hay menos iniciativa en Euskadi, de que esto no es lo que era. De que aún estamos muy lejos de recuperar el tejido empresarial de antes de la crisis (ahora hay 58.740 empresas, frente a las 64.635 que se alcanzaron en mayo de 2008). Pero de vez en cuando hay un fogonazo de optimismo. Como ayer. El Ayuntamiento reconoció la labor de 170 empresarios que arrancaron con un negocio en la ciudad el año pasado gracias al apoyo del Centro de Emprendimiento municipal, el Bilbao Ideien Gunea (BIG), dependiente de la sociedad Bilbao Ekintza. Según los datos del Consistorio, en diciembre había en la villa 41.641 licencias de actividad económica, 1.011 más que un año antes. Y en 2018 se dieron de alta 794 nuevas sociedades mercantiles.

Los mencionados 170 nuevos negocios generaron 232 empleos y una inversión de 3,6 millones. Además, los servicios municipales llevaron a cabo actuaciones para mejorar la competitividad de 52 empresas.

A unos y a otros se les reconoció el esfuerzo ayer en la XV Gala Bilbao Emprende, en el Azkuna Zentroa, y se les entregó una baldosa conmemorativa. «Gracias de todo corazón por hacer de Bilbao una ciudad mejor», les dijo Aburto.

«Sois un ejemplo de liderazgo y referentes para el resto de la ciudadanía»JUAN MARI ABURTO | ALCALDE

Un espíritu vivo

«Sois un ejemplo de liderazgo y referentes para el resto de la ciudadanía». Además, gracias a ellos estamos ante «los mejores datos de creación de nuevos negocios de los últimos tres años». A juicio del primer edil, esa realidad refleja que la villa «es una ciudad emprendedora y ese espíritu está hoy aquí más vivo que nunca». Aquí abajo, cuatro de esos valientes cuentan sus historias.

Almudena y su pareja posan en su casa. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Almudena García | Aloha Bilbao«Me gusta poner las casas chulas»

Cuando Almudena decidió ofrecer su casa para alquileres vacacionales en la web Airbnb descubrió que eso era lo que le gustaba: los detalles. «Poner la casa chula». Construir espacios acogedores. Y luego, presentárselos a los turistas que vienen a conocer Bilbao. «Recibir a la gente que llega, y hacerlo sin prisa». Explicarles cómo funciona la ciudad, contarles dónde pueden ir a comer, cómo moverse… «Eres la primera cara que ven cuando llegan a un sitio… Además, cuando tratas bien a la gente se nota luego en cómo te dejan la casa».

La cuestión es que Almudena García, de 39 años, decidió que quería ganarse la vida así y montó Aloha Bilbao que hace precisamente eso: ofrece a los propietarios una gestión integral de su vivienda para alquileres vacacionales en Airbnb. Decora los pisos, o los reforma si hace falta, los pone en la página web, recibe a los visitantes, se encarga de la limpieza…

«Empezamos hace un par de años mi novio y yo con nuestras casas». Se refiere a que cuando se fueron a vivir juntos ninguno quería deshacerse de su vivienda. De modo que pasaban seis meses en Urduliz y otros seis en Bilbao. El piso que quedaba vacío iba a Airbnb, donde lograron «muy buenas críticas» por parte de los inquilinos.

Harta de la industria

También le empujó a dar el salto el hecho de que estaba harta de su trabajo -jefa de proyecto en una firma de automoción-, que le obligaba a dar tumbos por todo el mundo. «Acabé muy cansada. Siempre me han gustado las cosas bonitas y la industria no lo es». Como su novio estaba igualmente hastiado de su trabajo como comercial, ambos dieron un giro a su vida. Él se montó una empresa «de buceo en apnea», y ella Aloha Bilbao. «Ahora no tengo horarios, hay que estar todo el día pendiente… Pero se trabaja de otra manera. Mejor».

«Pedí la cuenta y salí a la calle». / PEDRO URRESTI

Ales Cuesta | Wine Consultant«Siempre quise un proyecto con pasión»

Ales Rueda pasó muchos veranos en San Vicente de la Sonsierra, en La Rioja Alta, y aquel entorno cegador le cautivó. «El vino siempre ha sido mi pasión, y siempre he tenido claro que no quería morirme sin intentar sacar adelante un proyecto con pasión».

A sus 39 años lleva buena parte de su vida laboral vinculado al mundo del turismo. Su última ocupación fue en la Corporación Mondragón, donde «era consultor y formador: preparábamos a los trabajadores para procesos de internacionalización».

Mientras andaba en esas se fue formando en el mundo del vino. Viajó. Hizo cursos. «Como cada vez iba más en serio tuve que dejar mi trabajo. Pedí la cuenta y salí a la calle». Como todos los emprendedores que salen en estas páginas, no había tenido «ningún tipo de aventura empresarial» y por eso buscó ayuda en Bilbao Ekintza. «Fue una suerte. Te surgen 50.000 dudas y siempre había alguien al otro lado del teléfono para resolvértelas».

Contar historias

En su negocio, ese que ahora está impulsando, combina su experiencia profesional con su pasión. Es decir, ayuda a pequeñas bodegas en sus procesos de internacionalización. «Me tienen como su departamento de exportación». Productores que por sus propios medios ni se plantearían salir al ancho mundo encuentran en este emprendedor una vía de expansión. Bodegas de txakoli, de Ribera del Duero o de cava van juntas a ferias e incluso «se pueden hacer pedidos combinados, con el consiguiente ahorro de costes porque el palé sale completo». Ahora trabaja con cinco bodegas. Además, y de forma paralela, hace catas privadas en distintos entornos (principalmente en txokos y restaurantes) donde quiere «contar historias. Más allá de tecnicismos, la idea es construir experiencias».

«Entreno la voz como instrumento». / BERNARDO CORRAL

Nuria Orbea | Escuela de canto«Soy intrépida. No puedo estar quieta»

Si montar una empresa de la nada exige valor, tratar de levantar un negocio relacionado con el canto lírico es otro nivel. Un reto titánico. «Sí, soy una intrépida. No puedo estar quieta», se define Nuria Orbea, bilbaína de 46 años que ha abierto un «estudio de canto y voz artística» en Txurdinaga. Trabaja «cualquier estilo» y enseña «a respirar, el control del cuerpo, la posición, reeducación de la voz…».

Nuria es cantante lírica y también ha dado clases en el conservatorio de manera intermitente. Pero llegado este momento de su vida quería ganarse cierta estabilidad. Y dar un giro. Vio un nicho de mercado en Bilbao porque, asegura, aquí no hay una oferta continuada de esos servicios que ella propone.

«Llevaba años dándole vueltas a todo esto. Yo me tenía que ir a Madrid, a Barcelona o a Francia porque aquí no había ningún centro que ofreciese este tipo de servicios con regularidad». En 2018 se decidió. Y acudió al Ayuntamiento. «Desconocía que tuviese un organismo que te asesorase a la hora de montar una empresa: en la creación del proyecto, las ayudas que puedes tener, a dónde acudir… Hasta me han puesto en contacto con instituciones financieras, porque he tenido que hacer una reforma total de insonorización del local». Es más, el inmueble de Txurdinaga en el que se ha ubicado «lo tengo alquilado a Viviendas Municipales, un organismo que ni sabía que existía».

Actrices y locutores

Abrió el pasado mes de noviembre y ya tiene 25 alumnos. «Viene gente del mundo coral que quiere mejorar, estudiantes del conservatorio que necesitan un refuerzo. También tengo a alguna actriz». Lo que hace es entrenar la voz como instrumento. Se usa para cantar, sí, pero también es herramienta de todo tipo de intérpretes y hasta de periodistas y locutores.

«Nos estamos dando a conocer, sembrando». / L. A. G.

Mario Fernández | El Club Bremen«Buscamos el máximo nivel creativo»

Este Mario Fernández no es el banquero. Tiene 35 años y durante una década ha estado trabajando para distintas agencias de publicidad en Madrid y Nueva York. Es cántabro. Pero se enamoró de una chica de Bilbao, tuvieron gemelas y había que venirse aquí. Una buena excusa para reinventarse y hacer realidad ese proyecto en el que llevaba cinco años pensando: El Club Bremen.

Así se llama la empresa que acaba de crear. Hace ‘crowdstorming’. Traducido: pone a pensar a gente para generar ideas brillantes. «Lo que buscamos es el máximo nivel creativo». El proceso es bastante sencillo. Primero, una marca que quiere lanzar una campaña de comunicación se pone en contacto con ellos. Luego, ese reto se pasa a la plataforma, donde 32 creativos de todo el mundo compiten por tener la mejor idea. Dan sus propuestas. Al final, se le pasan a la marca y ella decide. Aquí lo que venden son ideas, no la producción final, que corre a cargo de la firma que contrata los servicios.

Apoyo fundamental

La actividad de El Club Bremen arrancó hace un año, en febrero de 2018, y ya han tenido varios encargos notables. Pero aún no ha llegado el momento de hacer dinero. «Nos estamos dando a conocer. Sembrando». Eso sí, el paso fundamental, el de nacer, ya está dado. Y aquí el impulso municipal «ha sido fundamental». Mario Fernández recuerda lo duro que es llegar «a una ciudad que no conocía y con una idea diferente». Lo difícil que es saber cómo moverse. «Me he encontrado con mucho más que con funcionarios: personas interesadas en ayudar, que te llaman, que se preocupan. Vengo de un entorno muy competitivo, como es Madrid, y esto me ha sorprendido. La gente de aquí no sabe lo que tiene». Porque, claro, «yo soy creativo, no empresario» y necesitó apoyo en cuestiones «fiscales, administrativas…».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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