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La empresa y la imposible generación espontánea del bienestar

Artículo de Opinión de Francisco Javier Azpiazu (Secretario General de CEBEK) publicado en El Correo el sábado 21 de Diciembre de 2013

 

En las últimas semanas se está produciendo un debate social que los medios de comunicación reflejan casi a diario sobre si Euskadi es un territorio más o menos interesante no solo para atraer inversiones de otros lugares, sino también para ver si somos capaces de mantener las empresas e inversiones con las que contamos a día de hoy. Ello, agudizado si cabe, tras alguna decisión empresarial relevante, que estoy seguro ha sido analizada y estudiada con absoluta profesionalizad y rigor.

Los elementos que determinan la competitividad de un territorio o de un País son sumamente complejos y están sujetas al influjo de muchos factores. Esto es así.

También es verdad que si nos limitamos a centrarnos en factores como los costes laborales, la conflictividad y el clima laboral, los costes financieros, la factura eléctrica y la fiscalidad, alguien podría entender que estos se están sobrevalorando en exceso, en detrimento de otros considerados esenciales. Es posible. La cuestión es que los factores apuntados son fundamentales para la actividad de las empresas y significan el ser o no ser en un entorno aún en extrema dificultad económica, con perspectivas que nos auguran varios años de penurias y de ausencia de creación de empleo neto.

 

En una economía interrelacionada y cada vez más abierta continuar cerrando los ojos y responsabilizando a las denominadas políticas neoliberales de todos los males y desgracias, pretendiendo que nada cambie es un error. Nuestras empresas compiten de una forma distinta al modo en el que competían hace tan solo unos años. Ello nos obliga a tomar medidas con rapidez y agilidad.

Nuestra economía continúa en un contexto de gran dificultad. Las empresas están sufriendo mucho por una crisis que dura ya seis años y su capacidad de supervivencia está al límite. Existe una correlación directa evidente entre el cierre de empresas y la pérdida de empleo, tal y como indica la afiliación a la seguridad social que muestra la desaparición de 3.800 empresas y alrededor de 46.000 empleos en Bizkaia en estos años. Suponen el 11 % de las empresas y el 10% de los puestos de trabajo.

 

Creo que somos atractivos para desarrollar la actividad empresarial, pero tenemos que mejorar, porque otros también lo están haciendo rápidamente. Seguimos siendo un País con una base industrial y tecnológica sólida, con vocación exportadora y con empresas referentes en el mundo. Somos una economía competitiva. Es verdad.

 

Pero hay dos aspectos en los que estamos aún lejos de lo que Euskadi necesita. En primer lugar en el “aprecio a los empresarios/as”. Quienes crean bienestar, empleo y progreso son las empresas y los/as empresarios/as. Si alguien cree en la generación espontánea y la ósmosis, que sepa que estas no inciden en las vocaciones empresariales ni en el espíritu emprendedor de las

 

personas. Influyen los entornos y los ejemplos. No hay ningún país occidental que ante una crisis tan dura como la que estamos viviendo, se permita poner en la picota a la clase empresarial. Si no valoramos a quienes arriesgan, contratan y además ayudan de una manera considerable a que la recaudación fiscal permita una necesaria redistribución de la renta y el mantenimiento de las políticas de bienestar social, estamos cometiendo un error considerable.

Tenemos que ser capaces de sembrar y potenciar iniciativas empresariales y fomentar que nuestros jóvenes perciban la creación de empresas como una salida natural a su desarrollo personal y profesional. Si no, es difícil que nuestro País funcione y progrese. Creo que nuestras instituciones comparten esta reflexión. Necesitamos que la sociedad también lo haga.

 

En segundo lugar, el “Clima Laboral”. Debemos lograr un nuevo modo de relacionarnos en las empresas. No es posible que continuemos confrontados permanentemente en un conflicto de suma cero, donde parece que siempre hay alguien que pierde. Hay que transformar las relaciones laborales hacia modelos de confianza y participación, a través de una nueva cultura en las relaciones en la empresa. Una vez más Alemania nos ha trazado el camino a seguir. Las economías más avanzadas se asientan en principios de cooperación en el seno de las empresas.

Todos, empresarios/as y trabajadores/as, organizaciones sindicales y empresariales, debemos afrontar este reto con celeridad, con transparencia y con voluntad de compartir y colaborar.

La sociedad vasca no nos va a perdonar que no seamos capaces de enfocar la salida a la crisis con nuevas respuestas. Los modelos de hace treinta años no sirven ahora. Los jóvenes que se incorporan al mundo del trabajo y las nuevas generaciones que están asumiendo la gestión en las empresas y organizaciones tampoco, porque no sienten como suyas las respuestas que unos y otros ofrecemos.

Esto es sobre todo  una llamada a un nuevo tiempo que ha llegado. Ahora es el momento. Que la próxima dificultad, que más tarde o más temprano  vendrá, nos encuentre mejor equipados.

 

 

Francisco Javier Azpiazu Lasuen

Secretario General de la Confederación Empresarial de Bizkaia CEBEK

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