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Unas relaciones laborales para el empleo en Euskadi

SIEMPRE hemos defendido que las reformas estructurales deben realizarse en momentos de crecimiento económico con el claro objetivo de que, conociendo los ciclos y sus efectos en la economía, los cambios sean efectivos en tiempos de dificultad como los que nos está tocando sufrir ahora.
Esto es lo que está ocurriendo con la Reforma Laboral: que no se están notando sus efectos en lo que a la creación de empleo se refiere porque estamos inmersos en una recesión económica sin precedentes de la cual nos va a costar salir todavía un tiempo. Y también porque, además de los problemas propios sin resolver, como por ejemplo la existencia de una demanda interna paralizada, los paíseseuropeos, principal destino de nuestras exportaciones (Francia, Alemania, Gran Bretaña…) y EE.UU están en una situación económica también de recesión y/o gran dificultad.
Sin crecimiento económico no hay creación de empleo posible, en ningún lugar.
Hoy día tenemos unas cifras de desempleo que son un drama para demasiadas familias y personas. Un drama para muchos/as trabajadores, pero también para muchos empresarios que han visto cómo sus proyectos de vida, tras mucho esfuerzo, inversión y fatiga se han truncado. Así, más de 3.200 empresas han desaparecido en Bizkaia desde el inicio de la crisis en 2008.

A nuestro entender, la última Reforma Laboral tiene aspectos positivos y aspectos mejorables que no se han afrontado con determinación, como son tanto la pervivencia de un mercado de trabajo dual, donde los primeros trabajadores en verse afectados por los ajustes son los que cuentan con un empleo temporal, como por la falta de unas políticas activas de empleo que favorezcan la empleabilidad y que permitan una transición eficaz y rápida hacia un nuevo puesto de trabajo. En Euskadi, la existencia de Lanbide nos permite, con todas las dificultades con las que convivimos, una gestión cercana y ágil de este problema. Pero aún nos queda mucho trabajo por delante.

La Reforma Laboral ha supuesto un nuevo equilibrio en las relaciones laborales hasta ahora reguladas por una legislación anticuada y por una negociación colectiva incapaz de dar respuesta en 20 años a las demandas y necesidades empresariales que pretendían más capacidad organizativa y más certeza en la toma de decisiones en un entorno económico de gran dureza y competencia. Las empresas tienen que ser capaces de adecuarse con rapidez a su entorno.

Desde CEBEK y el resto de las organizaciones empresariales vascas hemos repetido hasta aburrirnos que la clave de la Reforma no eran los costes del despido y la reducción de las cuantías de las indemnizaciones, sino que fuéramos capaces de contar con instrumentos de flexibilidad organizativa.
Además, la negociación colectiva no es solo una fuente de derechos, como pretende la concepción sindical, sino que la entendemos como un instrumento de competitividad.

Conviene recordar, una vez más, que son las empresas las que crean empleo y bienestar en Euskadi.
Pretender invalidar dos elemento básicos de la Reforma, la ultraactividad y el descuelgue empresarial, como requisito previo a una negociación es una exigencia inadmisible. Aceptarla sería por nuestra parte una irresponsabilidad, puesto que supondría no aplicar una normativa que favorece la introducción de demandas empresariales en el texto de los convenios colectivos, algo que venimos demandando desde hace tiempo y que con la normativa anterior resultaba en la mayoría de las ocasiones imposible por la negativa continua y reiterada de los sindicatos a acceder a las mismas.

No se trata de exigir renuncias a la otra parte, sino de adecuar la negociación colectiva actual, tanto sectorial como de empresa o ámbito inferior, al contexto normativo y a la situación económica por la que atravesamos. O somos capaces de hacerlo o la negociación colectiva sectorial en Euskadi desaparecerá a diferencia de en otros lugares en los que se está actuando de otra forma.

Es lógico que empresas y trabajadores tengamos un plazo prudente y razonable que nos exija la adopción y cierre de nuevos acuerdos evitando que la negociación de los convenios se demore eternamente. Y es también de sentido común que una empresa pueda, acreditando documentalmente a sus trabajadores en hasta un máximo de cuatro instancias consecutivas y diferentes, probar que concurren las condiciones exigidas legalmente para no aplicar temporalmente algunas cláusulas del convenio vigente, permitiendo que en el último caso (arbitraje obligatorio) un tercero neutral considere si estas causas son relevantes.
Precisamente, que exista una posibilidad real de descuelgue en última instancia para aquellas empresas que realmente lo necesitan, repito, una vez hayan acreditado las causas legales para ello y de forma temporal, es una de las formas de garantizar la firma de convenios colectivos sectoriales en unas condiciones superiores a las que estos empresarios pudieran realmente aplicar.

Exigir sectorialmente a una organización empresarial la renuncia a dicha posibilidad supone una irresponsabilidad solo superada por la irresponsabilidad que supondría aceptarla por nuestra parte, sin olvidar que esta posibilidad viene contemplada en la ley como un derecho de todas las empresas y los trabajadores.
Desde CEBEK estamos dispuestos a defender y mantener la Negociación Colectiva Territorial en Euskadi, pero no vamos a renunciar, ni mucho menos, a nivel sectorial, a cuestiones largamente reclamadas y aplicadas con naturalidad en Europa y, tras la reforma, en el resto del Estado.

No sé qué habría opinado la sociedad vasca si hace por ejemplo dos años los empresarios vascos hubiéramos afirmado que o permitimos que estas dos materias sean aceptadas previamente al inicio de las negociaciones o no hay convenios ni negociación. Nuestra descalificación sería absoluta y merecida. De hecho, el arbitraje obligatorio para un descuelgue de un convenio colectivo a través de un organismo paritario como es el PRECO, cuando no hay acuerdo entre empresa y trabajadores o no se llega a este a través de cualquier otro procedimiento, ha estado en muchas de nuestras plataformas empresariales de negociación, al igual que otras muchas reivindicaciones, y nunca esta parte ha exigido a la otra su aceptación previa para empezar a negociar.

Que las organizaciones empresariales defendamos esta opción es, en estos momentos y en el lenguaje sindical, “mantener una posición intransigente e inmovilista”. Tenemos las peores relaciones laborales de Europa, los costes laborales más altos del Estado, una conflictividad laboral que nos sitúa en el punto de mira de los países y empresas con los que competimos y además ahora contamos con unas propuestas en materia de negociación colectiva que, además de obviar la situación económica y empresarial que vivimos, nos solicitan no aplicar una legislación vigente que recoge dos materias que van a favorecer la supervivencia de nuestras empresas en momentos de dificultad como los actuales.

El milagro de países como Alemania ha sido conjugar tanto mejoras de productividad con unas relaciones laborales basadas en la cooperación, favoreciendo la participación de los trabajadores en el seno de las empresas y la existencia de medidas de flexibilidad que han permitido el mantenimiento de muchos miles de puestos de trabajo que fueron el soporte de una rápida recuperación económica posterior.
Recordando lo escuchado en estos últimos días en Euskadi por boca de algunos dirigentes sindicales, estamos desgraciadamente a años luz de esto. Una pérdida de oportunidad imperdonable.

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