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El Presidente de CEBEK Iñaki Garcinuño impartió una Conferencia en el Forum Europa Tribuna Euskadi

GarcinuñoenAtril

Egun on danori. Toña sailburua, Bizkaiko foru ahalduna, Confebask eta ADEGIko presidenteak, Raul Arza eta beste sindakatuen ordezkariak, eta hainbeste lagunak mila esker benetan zure goizeko jardunaldiko ordu hau ateratzeagatik nire hitzaldia entzuteko.

 

Eskerrik asko bereziki Imanol Pradales ahaldunari nitaz esandako hitzagatik eta nire gonbidapena aurkezpen hau egiteko onartzeagatik. Hunkigarria izan da niretzako zure hitzak entzutea. Veo Imanol que eres un buen profesional, no solo en tu trabajo diario, cosa de la que nunca he tenido ninguna duda, sino también en el manejo de las fuentes de información, algunas me da la sensación muy cercanas a mí. En más de una ocasión te he transmitido la valoración sumamente positiva que hago de tu trabajo al frente del departamento de Desarrollo Económico y Territorial, y aprovecho para hacerlo público una vez más. Tu probada honestidad, la cercanía a la empresa vizcaína, la atracción de nuevas inversiones y el apoyo al emprendizaje son activos que tienes  seguir manteniendo, con apoyo de tu departamento, para bien de la sociedad vizcaina. Mila esker berriro.

 

Queridos amigos y amigas. Como ocurre en tantas ocasiones en la vida, hay veces que a uno le toca pasar de una zona de confort, como puede ser el de estar sentado en esas mesas en las que tantas veces me he sentado yo, a jugar un papel más activo como hoy me toca jugar a mí. Y para mí es un verdadero honor contar con este altavoz y con esta importante audiencia. No solo por el reto que puede suponer para mi persona sino porque como representante de la mayoría de los empresarios y empresarias de este territorio y como miembro de Confebask, tengo la oportunidad de trasladar, una vez más, nuestro punto de vista de la realidad socio-económica vizcaína y vasca, y el camino que deberíamos recorrer para afrontar los retos del futuro. Por ello, agradezco a Nueva Economía Forum su invitación a participar en esta Conferencia rodeado de caras conocidas.

 

Preparar esta charla me ha permitido hacer un balance general, más pausado, de los tres años que en mayo cumpliré al frente de Cebek. Parece que fue ayer cuando algunos de vosotros me sacasteis, también en aquella ocasión, de mi zona de confort hacia lo que suponía asumir unas funciones de representación y de portavocía de un colectivo empresarial al que siempre he sentido pertenecer. La experiencia ha sido inigualable en estos años. Me ha permitido confirmar que el máximo órgano de representación de las empresas de Bizkaia es una institución en la que poder confiar sin miedo a sobresaltos. Criterios de honestidad, trasparencia, de respeto hacia nuestros órganos internos, puedo certificar, forman parte de nuestra cultura asociativa. Por ello, cuando de forma malintencionada tratan de equipararnos con entidades de ámbito estatal que no comparten nuestros valores o con dirigentes empresariales nada pulcros, nos rebelamos. Nos rebelamos porque si la clase política vasca mantiene comportamientos éticos generalmente irreprochables, las patronales vascas también. Y a los hechos me remito. Quizá por ello, y entro directamente en materia, nos cueste entender lo que está ocurriendo con la formación continua de trabajadores en activo, en donde a pesar del funcionamiento ejemplar de Hobetuz, de los dos sindicatos presentes y de la patronal vasca, nos vemos con grandes dificultades para poder impartir esta formación en el futuro.

Y ello debido tanto a una legislación española pensada para frenar algunos desmanes, reprobables, que aquí jamás han existido, como a un desarrollo normativo vasco que comparte plenamente los objetivos de la primera. Ambas administraciones no deberían olvidar que los fondos de formación se nutren mayormente con las aportaciones de las empresas, y en menor medida de los trabajadores, vía cotización a la Seguridad Social. Que este año 2015 las empresas y los trabajadores hemos seguido aportando fondos para la formación, y que sin embargo, este año 2015 el Gobierno Vasco no ha sacado convocatoria para la impartición de dicha formación. No se debería olvidar que las organizaciones empresariales conocemos las necesidades formativas de las empresas y que en la impartición obtenemos un nivel de satisfacción de los alumnos muy elevado. Por dar un dato, Cebek es en la actualidad la entidad de Euskadi que más alumnos atiende en formación continua de trabajadores, más de 4000 por año. No se debería echar por tierra ni nuestra experiencia ni nuestra profesionalidad. Confiamos en que próximamente podamos entre todos ofrecer una solución inteligente que nos permita contar con una convocatoria que atienda las necesidades de los trabajadores vascos y que ponga también en valor el relevante papel que las organizaciones empresariales vascas jugamos en el desarrollo de la formación continua desde hace muchos años.

 

Cebek, a pesar de tener una estructura más compleja por ser una Confederación de asociaciones sectoriales y de empresas directamente asociadas, mantenemos un grado de cohesión muy importante gracias al esfuerzo de todos los que la integramos por trabajar, principalmente, por aquello que nos une. Somos los representantes de miles de empresas de Bizkaia. Asociaciones como la Federación del Metal, la Confederación del Comercio, Químicas, Construcción, Gráficas y así hasta más de 60 están agrupadas en Cebek bajo el respeto a la identidad individual de cada uno. En nuestra diversidad, en nuestra unión y en nuestra representatividad está nuestro valor. El acceso a sus órganos directivos o el funcionamiento de los mismos están sujetos a unas normas públicas y trasparentes que se cumplen sin excepciones. Se quedarían sorprendidos del grado de detalle que contienen nuestros presupuestos y el descargo de los resultados anuales. Junto con el resto de patronales vascas, somos los únicos agentes sociales que a día de hoy cumplimos la Ley de Transparencia al incluir en nuestra web las cuantías de nuestras principales cuentas contables. Como marcan los Estatutos, ningún miembro de los órganos directivos cobra remuneración alguna por asistencia y el cargo de Presidente es rigurosamente gratuito. Hasta tal punto llega nuestro compromiso que cualquier remuneración percibida por un representante de nuestra organización por pertenecer a un Consejo de Administración que lo tenga estipulado debe ser reintegrada en Cebek. Coincido con aquellos que piensen que esta forma de actuar es la correcta pero créanme, no siempre es la habitual.

 

Ejercemos nuestra actividad en múltiples servicios ofrecidos a las empresas. Más de 12000 personas acabarán inscritas durante todo 2015 en las diferentes jornadas y mesas redondas organizadas por Cebek. Algunos de ellos orientados en exclusiva a nuestras empresas asociadas, y otros, como el nuevo programa para el fomento de la igualdad de género en las empresas o la misma negociación colectiva, para beneficio de la generalidad de las empresas y de la propia sociedad.

De ahí, que recordemos frecuentemente el papel social que la Constitución española y la legislación internacional atribuyen a nuestra actividad y a la de los demás agentes sociales.

 

Porque a pesar de ello, y en fechas relativamente recientes, quienes atribuían falsamente a Confebask la voluntad de colocar fuera de la ley a determinados sindicatos fueron quienes se atrevían, con un sorprendente eco político, a cuestionar nuestra legitimidad para la negociación colectiva. Pretenden cuestionar la representatividad de instituciones, como Cebek, que representamos a miles de empresas de todos los sectores, a quienes con más de 100 años de historia hemos obtenido el reconocimiento sindical en las propias mesas durante más de 30, a quienes hemos firmado decenas y decenas de convenios colectivos que han dado lugar a unas tablas salariales significativamente más elevadas que las de nuestro entorno, y por tanto, redistributivas de la riqueza generada. Nuestra legitimidad como patronal más representativa no nos la da ni los quita una estrategia sindical. Nos la da nuestro trabajo diario.  Y seguiremos trabajando a pesar de las dificultades y de las nuevas formas de presión con firmeza, con prudencia, con proporcionalidad y con independencia para hacer de la empresa el motor del desarrollo económico de nuestro territorio, que es el desarrollo de la propia sociedad.

 

Porque después de estos pocos años, tengo el convencimiento de que las organizaciones empresariales, y también las sindicales, no sólo son agentes sociales imprescindibles para gestionar las relaciones laborales privadas. Son, somos, también elementos claramente condicionantes de la competitividad de un país, de sus empresas y de su Administración. Y quizá sobre este pilar, deban descansar nuestras reflexiones como País. Qué tipo de sindicatos,             qué tipo de organizaciones empresariales  y qué tipo de Administración Pública necesita Euskadi para dar respuesta a las demandas de la sociedad en la que vivimos.

 

En lo que a las empresas y a las organizaciones empresariales corresponde debemos incidir aun con más énfasis en todas aquellas cuestiones vinculadas a la Responsabilidad Social Corporativa. La sociedad vasca, como todas las sociedades desarrolladas de nuestro entorno, reclaman a las empresas una mayor atención en cuestiones vinculadas al desempeño personal en el trabajo. En este orden de cosas, debemos seguir trabajando en un área tan importante como es el de la prevención de riesgos laborales. A pesar de que los índices de siniestralidad marcan una tendencia favorable en los últimos cuatro años, hemos tenido que lamentar la pasada semana dos trágicos accidentes que empañan este esfuerzo y que lamentablemente confirman un cambio de tendencia a peor en este 2015. Mi solidaridad hacia las familias y los compañeros de estas dos personas. Yo he dicho en alguna ocasión que en esta sociedad nadie debería morir trabajando. El trabajo es importante pero la vida lo es mucho más. Sin embargo, si lo analizamos racionalmente vemos que son muchas las situaciones de riesgo diario a minimizar, y aunque, sin duda alguna, siempre debemos ser exigentes, hasta en las mejores compañías pueden producirse estas situaciones. Conozco bien el Puerto de Bilbao y me consta el enorme esfuerzo que se ha llevado a cabo en prevención desde hace muchos años hasta dar con unas cifras de siniestralidad realmente bajas. Ha sido una desgracia que no debe empañar todo ese trabajo bien hecho. Pero así como un error humano, un desvanecimiento o la propia fatalidad también tienen su hueco en estas desgracias, me resulta incomprensible, por ejemplo, que en nuestros tiempos alguien pueda caerse de un tejado por trabajar sin tener colocado el correspondiente arnés. Eso no debe ocurrir. La normativa de seguridad está para cumplirse y no ampararemos ningún relajamiento en este tipo de medidas. La seguridad no debe depender nunca del presupuesto de un departamento financiero. Su cumplimiento es una cuestión de cultura empresarial, en donde empresarios y trabajadores debemos trabajar más unidos que nunca. Por eso, en proporción con el grado de industrialización, nuestros datos siempre han sido menos malos. Y así debe ser siendo. El objetivo solo puede ser siniestralidad cero. También quiero aprovechar para denunciar la manipulación que suele acompañar a los accidentes laborales. Son recurrentes las acusaciones a la empresa haciéndola responsable del 100% de los accidentes, independientemente de lo ocurrido y de la posible responsabilidad del trabajador. Ni siquiera se espera al informe de Osalan. En este tipo cuestiones tan sensibles debemos ser más serios y hacer menos demagogia.

 

La igualdad de oportunidades en la empresa es otra de las materias que desde Cebek tratamos de fomentar. Agrupadas bajo un programa que denominamos Enpresan Bardin, y que cuenta con el apoyo del departamento que dirige Imanol Pradales, hemos desarrollado una serie de actuaciones a ejecutar durante el 2015 y el 2016 en orden a implementar un verdadero trato igualitario entre hombres y mujeres en todos los aspectos vinculados a la empresa. Queremos sensibilizar a las empresas no sólo por la justicia social de dicha reivindicación sino por las ventajas económicas que reporta a la empresa la puesta en marcha de un plan de igualdad. Las organizaciones empresariales somos un fiel reflejo de la fuerte masculinización de los puestos directivos de las empresas vascas y reproducimos los mismos esquemas. Las buenas prácticas mostradas por empresas de nuestro entorno son la mejor demostración de que caben variadas formas de afrontarlo y que sus resultados en cuanto a satisfacción de trabajadores y productividad general no tardan en llegar. Debemos adoptar sin dilación un compromiso firme entre todos y todas para revertir esta situación.

 

En lo que a la financiación de las organizaciones empresariales se refiere, quisiera desenmascarar con rotundidad las frecuentes afirmaciones de algunos sindicatos que nos acusan de estar financiados fundamentalmente con subvenciones públicas. Es una absoluta falsedad. Somos organizaciones austeras, de plantilla ajustada y con unos recursos limitados, en donde las cuotas de nuestros asociados tienen un componente muy importante. Las patronales vascas no recibimos ninguna financiación pública a fondo perdido. Por el contrario, nuestra presencia en los consejos de administración de diferentes organismos públicos como el CRL, Hobetuz, Lanbide u Osalan, nos aporta una remuneración que compensa en parte la responsabilidad y el servicio que tal actividad genera. Percibimos dichas cantidades por trabajar, no por asistir. Concretamente en lo que vamos de año Confebask ha participado en 7 reuniones del CRL, 24 de Hobetuz, 26 de Lanbide, 12 de Osalan e innumerables en el CES aportando conocimientos, análisis e informes. La participación en la Mesa de Dialogo Social no está remunerada, a diferencia de lo que ocurrirá en Madrid próximamente. Por el contrario, la organización que dirige Adolfo Muñoz acaba de recibir del Departamento de Empleo del Gobierno Vasco 457.737 euros y del Ministerio de Empleo del Gobierno de España 277.582 euros. En ambos casos, para el sostenimiento de su estructura y proporcional a su representatividad.

Sorprende cuando menos que esa misma estructura, así financiada, está formada por liberados sindicales que a su vez perciben su salario del erario público o de las empresas. Siendo esta la realidad, cada vez se hace más necesaria la existencia de una normativa que regule el sostenimiento económico de las organizaciones empresariales y sindicales, tal y como ocurre en un número importante de CCAA. Solicitamos para las organizaciones empresariales una financiación pública igualitaria al de las organizaciones sindicales y entidades del tercer sector, aspecto que no se da en la actualidad. No nos gustaría que les redujeran la financiación a los demás agentes sociales pero teniendo en cuenta la función pública que desempeñamos, sí pedimos que el tratamiento sea igual para todos.

 

En todo caso, los empresarios y empresarias, y por consiguiente la empresa, debemos seguir asumiendo la responsabilidad social que todas nuestras iniciativas empresariales generan. Nuestros proyectos, nuestras contrataciones, nuestras compras generan tal impacto sobre nuestra comunidad más cercana que tales decisiones exceden el ámbito del propio interés personal o de nuestra empresa. Somos corresponsables del grado de desarrollo económico y social logrado por nuestro territorio y nuestra Comunidad. Pero, del mismo modo, y sin necesitar que nadie nos lo exija, nos debemos sentir corresponsables en el objetivo de dejar un país más desarrollado y más cohesionado a las generaciones futuras. La larga crisis vivida nos ha dado la oportunidad de demostrar el enorme papel jugado por nuestro tejido empresarial para sostener el empleo y para garantizar los ingresos económicos necesarios para cubrir la creciente demanda de protección social existente en Euskadi. El proyecto de país compartido durante décadas por las diferentes Administraciones Públicas y por la iniciativa privada, entre la que no puedo dejar de destacar el compromiso de miles de empresarios y empresarias, ha traído como consecuencia un impacto más atenuado de los efectos de esta dura crisis. Mantener esta visión compartida, que nos haga recuperar una calidad de vida menguada para muchas personas y familias, exige de todos los agentes implicados la renovación de determinados compromisos. Es urgente alejar de los vaivenes de la política el compromiso que las diferentes Administraciones y partidos políticos deberían asumir para convertir a la empresa, y a la industria en particular, en el centro de sus políticas y de sus diferentes actuaciones. Bajo la premisa de que el empleo lo genera mayoritariamente la empresa, y en su caso, el empresario o empresaria con su iniciativa emprendedora, y que la actividad económica sólo es el contexto en el cual el empleo se crea o se destruye, debería existir un consenso político que reconociera tal importante papel y fomentara desde ámbitos educativos tempranos las ventajas individuales y colectivas de la iniciativa empresarial. Conscientes del grado de importancia de esta afirmación, las organizaciones empresariales reivindicamos a menudo el justo reconocimiento al papel de los empresarios y empresarias de este País. Debemos hacerlo por pura practicidad. Necesitamos más proyectos empresariales de calidad, ya sean desarrollados por empresas consolidadas o de nueva creación llevados a cabo por emprendedores. El emprendizaje, frente a lo que históricamente ha sido Euskadi, se encuentra desde hace ya muchos años en unos niveles claramente inferiores a los de otras CCAA e inferiores a la mayoría de países europeos desarrollados según el informe GEM del 2014,

aunque la mejor calidad de nuestros proyectos y las posibilidades de consolidarlo compensen tal situación. El fomento de la cultura emprendedora es un objetivo imprescindible y una responsabilidad de todos y de todas.

No es razonable que Euskadi se encuentre a la cola de los países de la OCDE en cuanto a la duración de los trámites administrativos para abrir una empresa, por ejemplo. Podremos decirlo con más o menos delicadeza pero nuestra sociedad, nuestra juventud no debe presuponer que la calidad de vida se sostiene por inercia y que además es exigible a los poderes públicos y a los empresarios y empresarias . Nuestro futuro puede ser peor que nuestro presente si, entre otras cosas, no estimulamos la iniciativa privada de calidad. También se hace imprescindible la atracción de inversión externa, aspecto este último en el  que el departamento de Desarrollo Económico y Territorial de la Diputación de Bizkaia me consta realiza un gran papel, no exento en ocasiones de críticas demagógicas por el coste económico de intentarlo. Creo firmemente en la atractividad de nuestro territorio pero si tuviera que citar tres aspectos a mejorar destacaría la necesidad de unas relaciones laborales basadas en el compromiso y la colaboración, la necesidad urgente de incrementar el aprecio y el reconocimiento al colectivo empresarial y la utilización de la fiscalidad y las potencialidades del Concierto para que sea un verdadero instrumento de política económica.

 

La fiscalidad es una de las políticas públicas que más incidencia tienen sobre un mayor número de personas y empresas. La tributación sobre las rentas, sobre los beneficios empresariales, sobre el patrimonio, sobre el consumo y sobre diversos productos o servicios son la base para el diseño de los presupuestos públicos de las Administraciones y por tanto, para saber en qué gastamos aquello que tenemos, y en algunas Administraciones, incluso lo que no tienen. Tenemos en Euskadi y también en el Estado un modelo fiscal un tanto desajustado, si lo comparamos por ejemplo con Alemania donde se considera  a la empresa  como motor para la generación de bienestar, empleo y riqueza y no solo como un medio para la generación de ingresos fiscales relevantes. Los ingresos fiscales empresariales no provienen solamente de la fiscalidad directamente aplicada a la empresa, sino del empleo generado por las empresas  y del consumo inducido por una mayor actividad económica. El incremento  de la presión fiscal empresarial con el fin exclusivo de equilibrar las cuentas públicas   no es per se un medio eficaz para incrementar la recaudación y, al entender de muchos, puede tener un claro efecto negativo sobre el crecimiento económico. El objetivo no debe ser jugar con los tipos marginales sino incrementar las bases imponibles. Las empresas y los empresarios, como cualquier ciudadano, debemos pagar impuestos y con progresividad en función del volumen de renta, faltaría más, eso significa que ha habido rentabilidad, pero seamos conscientes  que una presión fiscal excesiva y más alta que la de nuestro entorno merma nuestra competitividad de manera evidente. Y, hay que recordar que hoy en día nuestra presión fiscal empresarial en Euskadi está por encima de la media estatal y europea.

Así

- El tipo marginal máximo en el IRPF es el 49 % frente al 45 % en España y el 39,40 % de media en la UE de los 28.

- El tipo nominal en el Impuesto de Sociedades en Euskadi es el 28 %  frente e al 25 % en España y el 22,50 de media en la UE de los 28.

- Finalmente, el tipo nominal de IVA en el Estado (y Euskadi) es el 21% siendo en la UE de los 28 el 21,53 %  pero el 19% en Alemania.

 

Por otro lado, el Impuesto sobre el Patrimonio, impuesto que no ha estado en vigor de forma permanente en nuestros territorios, es una figura tributaria prácticamente inexistente en el ámbito de los Países del entorno y ello por los problemas de doble imposición que ocasiona en los sistemas tributarios. Como bien recordaba Pedro Luis Uriarte días atrás con motivo de su magnífico trabajo sobre el Concierto, CCAA  como Madrid unen la ausencia de este impuesto a su atractividad convirtiéndose en polos de atracción importantes de rentas altas y por tanto, grandes competidores nuestros. Este impuesto recae sobre el ahorro y la inversión acumulados en años precedentes, por tanto, con origen en las rentas obtenidas por personas físicas que ya tributaron en su día. Su incidencia sobre la recaudación total es además mínima, este impuesto supuso en Bizkaia el año pasado 69 millones frente a los 6.483 millones recaudados. Ni siquiera se justifica por la información fiscal que aporta, teniendo en cuenta los avanzados sistemas informáticos de control existentes en la actualidad.

La fiscalidad, en resumen, debe estar orientada a la consecución de los objetivos de la política económica de un País y no solo a los presupuestarios. Debemos arriesgar, tener iniciativa fiscal y, manteniendo la armonización entre los territorios, utilizar nuestro mejor instrumento, el Concierto Económico y las competencias fiscales derivas del mismo, para impulsar la competitividad de nuestras empresas, incentivar la actividad empresarial y la creación y el desarrollo de nuevas iniciativas empresariales. Con ello llegará el empleo y el aumento de la recaudación.

 

La reactivación económica necesita de todo el presupuesto público disponible y de todas las capacidades a nuestro alcance para consolidar una situación que deviene positiva pero que es aún muy sensible a datos o circunstancias extraordinarias. Acabar el 2015 con un crecimiento en Euskadi del 2,7% y el 2016 con un 2,5% supondría acumular dos años consecutivos de cierto vigor en la recuperación. Aun así, no podemos olvidar ni las circunstancias externas que ayudan a dar tal resultado (petróleo barato, euro débil o bajos tipos de interés) ni el hecho de que aún estemos un 6% por debajo del PIB existente antes de la crisis y que necesitemos absorber a más de 100.000 desempleados que antes no teníamos. En el 2015 la creación neta de empleo en Bizkaia según cuentas trimestrales la estimamos en CEBEK en 8000 empleos netos.

 

La recuperación económica no se está comportando de forma equilibrada o uniforme en los todos los sectores o en todos los tipos de empresas. Cuanto más tamaño, uno de los hándicaps nuestros, o más internacionalizada está la empresa mejor salida se está teniendo. Bizkaia mantiene un ritmo de crecimiento semejante al vasco, con más vigor en los últimos trimestres y con protagonismo, sobre todo, de los servicios pero con un despegue esperanzador de la industria, que aumentó su producción industrial un 6% hasta septiembre.  El consumo privado y la inversión están recuperando el lugar que le corresponde en la generación de PIB frente a las exportaciones e importaciones, que mantienen su nivel decreciente en volumen este año y con aportación nula al PIB en cuanto a la primera. La construcción apunta hacia una lenta recuperación. En este análisis de datos seguramente conocidos por Uds pongo mi atención sobre los retos económicos del futuro. Reindustrializar nuestra economía para recuperar el valor de las cerca de 7800 empresas perdidas. Controlar el elevado nivel de endeudamiento público, como ya lo está haciendo el Gobierno Vasco. Atender al bajo crecimiento de la productividad, con inversión en formación.

Mejorar la cohesión social y la elevada tasa de paro en términos absolutos. O alcanzar mayores cotas de internacionalización de nuestras empresas, con especial hincapié en la digitalización y en la innovación. Hay mucho trabajo por hacer.

 

Estoy seguro que transmito el deseo del colectivo empresarial vasco al afirmar que deseamos trasladar sobre el empleo la leve mejoría de la economía en el menor tiempo posible, reduciendo así una tasa de paro que es baja si la comparamos con nuestro entorno más cercano pero que es alta si la comparamos con la de los países desarrollados o con los datos previos a la crisis. Los expedientes de regulación de empleo están reduciéndose a marchas forzadas y ese es el mejor dato para augurar una firme recuperación de la economía y del empleo. La tendencia del empleo que se refleja en este 2015 así lo confirma por otra parte.  2015 será el año de mayor contratación indefinida desde el inicio de la crisis, sin alcanzar aun cifras de 2008. Los jóvenes menores de 30 años, que siempre es un colectivo sobre el que prestar atención, representan un 16% de los inscritos en Lanbide. De ellos, más de la mitad solo tienen estudios obligatorios. Sobre ellos y su formación deberían recaer los mayores esfuerzos cara al descenso de población en edad de trabajar que se producirá hasta 2020. Por el contrario, la destrucción de empleo en sectores tradicionales ha hecho que el 64% de los desempleados estén entre los 30 y 50 años, personas con cargas familiares en la mayoría de los casos. En esta franja de edad, reside el % mayor de universitarios en paro, el 71%.

 

La creación de empleo no depende lamentablemente de la voluntad exclusiva del empresario o de la empresaria. No es entendible el traslado de la responsabilidad  a un solo colectivo y por la vía de urgencia. ¿Acaso la Administración y sus políticas o las relaciones laborales actuales no son también condicionantes de la realidad actual? ¿Acaso la robotización o la automatización de procesos no nos conduce a un tipo de empresa menos intensiva en personal? Es preciso generar esas condiciones adecuadas para la contratación, esto es, mejores perspectivas en nuestros mercados tradicionales, confianza empresarial en el futuro inmediato, inversiones o nuevos proyectos empresariales, entorno legislativo favorable, reducción de costes de cotización, cultura de la adaptabilidad en la organización, relaciones laborales basadas en la cooperación y el pacto, etc….  Debemos analizar cuál es el perfil del desempleado para ver que la formación es la clave de la empleabilidad. Los jóvenes cualificados son una minoría entre los jóvenes desempleados vascos. Y sin olvidarnos que hace escasamente dos años temíamos por una posible nueva recesión.

 

El mantra de la precariedad se repite como una letanía ocultando la verdadera y mayoritaria realidad de las condiciones laborales de nuestro territorio. Lo hemos afirmado en más de una ocasión pero existe una voluntad clara de vender a la sociedad una visión de la realidad abiertamente adulterada. No podemos afirmar con absoluta rotundidad que la calidad de los contratos vascos es precaria cuando cuatro de cada cinco contratos actualmente existentes en Euskadi son contratos indefinidos, el porcentaje más elevado de todo el Estado. Cuando el 83% de los contratos son de jornada completa. Cuando los niveles de desigualdad están en Euskadi en niveles similares a los de los países nórdicos.

No debemos hablar de salarios miserables de forma generalizada cuando solo recientemente acabamos de pasar al segundo puesto en el ranking de los salarios medios más elevados de España, derivado de tener los convenios colectivos más caros y con menor jornada laboral de toda España. Si en las nuevas contrataciones predomina el contrato temporal, debemos analizar las causas de dicha contratación, principalmente el  contexto económico en el que se produce, y no debemos perder de vista que la dualidad entre indefinidos y temporales no tiene causa ni en la reforma laboral ni en la crisis. Es más, la proporción  entre ambos tipos de contratos ha pasado de 73 indefinidos y 27 temporales del cuarto trimestre de 2008 a 76 indefinidos y 24 temporales en el tercer trimestre de 2015, reduciendo así la temporalidad, según fuentes del INE. En todo caso, las organizaciones empresariales somos conscientes, y así lo hemos hecho público, de la necesidad de hacer un esfuerzo por primar la contratación indefinida frente a la temporal, principalmente cuando la causa de producción que empuja a elegir un contrato temporal ha desaparecido. Y estaremos atentos también a la evolución en el tiempo de ese pequeño porcentaje de salarios bajos comparativamente hablando, vinculados al crecimiento de la contratación a tiempo parcial que ha pasado de un 9% en 2008 a un 17% en 2015.

 

Pero no olvidemos que también nuestras empresas conocen la precariedad de unas ventas inciertas y no garantizadas con unos márgenes mucho más bajos que antes de la crisis, por no hablar de quienes aún no han salido de ella. La calidad de nuestros contratos ha sido buena, amparada por unos convenios colectivos caros comparativamente hablando, y sigue siendo buena, en la medida en la que, de forma generalizada, las empresas han mantenido las condiciones laborales y salariales de los trabajadores. Es más, los incrementos salariales se están dando en sectores completos y en empresas, sin que haya habido pérdida del poder adquisitivo durante la crisis, según el INE, a día de hoy y siempre en términos de media. El coste salarial total mensual según el INE ha pasado de 2297 euros en 2008 a 2393 en 2014. Esto ha supuesto un crecimiento de la diferencia entre el salario medio del trabajador vasco respecto al del resto de España pasando de un 18,5% superior a un 20% superior. O incluso, como ocurre en el caso del Metal de Bizkaia, se han dado en tal proporción por encima del IPC desde el 2008 que a pesar de los tres últimos años de congelación salarial por no acordarse un nuevo convenio, el poder adquisitivo de los trabajadores sigue un 5,04% por encima de la inflación. Creo, por tanto, en la necesidad de una mayor prudencia en determinadas afirmaciones públicas para no generar miedos o frustraciones de forma innecesaria, y desde luego, para no estigmatizar a un colectivo tan relevante como es el empresarial.

 

Han pasado ya casi tres años y medio desde la reforma laboral que más ha modificado las relaciones laborales en España. Hacer un análisis equilibrado de sus éxitos y sus fracasos se antoja difícil por la carga subjetiva que arrastra consigo, al haberse convertido para algunos en la principal herramienta de una masiva degradación en los derechos de los trabajadores, que no es tal. Bajo mi punto de vista, la reforma cumple el objetivo de convertir la normativa laboral aplicable a trabajadores y empresas en un elemento adaptable a las circunstancias económicas del momento. Y lo hace como ya conocemos poniendo una fecha de caducidad a esa normativa que se establece en torno al convenio colectivo.

Es el fin, solo en apariencia, de las normas ultra activas.  Los convenios colectivos tendrían, según la reforma, un plazo extra de un año para ser renovados una vez expirara su fecha de caducidad. La voluntad del legislador es que esos convenios

se renueven periódicamente para que así estén adaptados permanentemente a las circunstancias  económicas que imperen. De esta forma, se pone freno a la desmotivación que se percibía en la mesa de negociación al saber la parte sindical que el convenio recién vencido aportaba unas condiciones ya conquistadas y que se iban a mantener en el tiempo mientras no hubiera acuerdo. De ahí solo se podía a mejor, a mejor para el trabajador naturalmente. Este punto de partida en la negociación era absolutamente desequilibrado en favor de la parte sindical, por eso la obligación de pactar que la reforma ampara ha sido a mi juicio un elemento clave. Era importante que una normativa pensada para una época de expansión económica no actúe como un corsé en una época de crisis, impidiendo la competitividad de las empresas.

 

Evidentemente la reforma tiene muchos defectos. Para empezar, si la reforma fue pensada, que no lo creo, para acabar con la dualidad entre contratos indefinidos y temporales su fracaso es evidente. Desde luego, no pretendía generar empleo, bastante si ayudaba a no eliminarlo. Por no decir que ha creado una nueva dualidad, la de trabajadores con derechos laborales contractualizados y por tanto difícilmente modificables frente a nuevos contratados susceptibles de sufrir peores condiciones al amparo de la desregulación laboral. Pero quizá su mayor error fue no garantizar este fin de la ultractividad en aquellos convenios que tenían entre sus artículos determinadas cláusulas de alargamiento de la vigencia del convenio mientras no hubiera otro firmado. De tal forma, que este aspecto y muchos otros vinculados por ejemplo a los expedientes de regulación de empleo o a las causas de despido objetivo, fueron inmediatamente judicializados y resueltos en contra de la voluntad del legislador y a favor abrumadoramente de la parte trabajadora, en lo que ha sido, a mi juicio, una injerencia evidente del poder judicial en el legislativo, al contrario quizás de lo que estamos acostumbrados. La judicialización no ha sido buena para nadie pero mucho menos para los intereses de las empresas, que no tendrían que ser tan dispares de los intereses de los trabajadores. La consecuencia de esta actuación ha sido unos años de inseguridad jurídica para empresas y trabajadores, la contractualización en la persona de la mayoría de los derechos otorgados por los convenios y, por consiguiente, la pérdida de esa capacidad de adaptación que la filosofía de la reforma perseguía.

 

Pero destacaría sobre muchas otras cosas, que la reforma  no ha dado lugar al abismo laboral que se predecía desde ambientes no solo sindicales, ni ha dado lugar a un aumento de la conflictividad, bien al contrario esta se ha reducido de manera notable. La reforma no ha dado pie en Euskadi a una modificación inmediata y generalizada de las condiciones de trabajo. Se llegó a decir cosas como que a los trabajadores sin convenio se les iba a bajar el salario al importe mínimo interprofesional. Y, humildemente, creo que en este escenario las patronales vascas jugaron con responsabilidad un importante papel moderador.

 

 

A la hora de analizar el estado actual de la negociación colectiva y partiendo de la insatisfacción real que nos genera a las organizaciones empresariales vascas la falta de acuerdo, no debemos atribuir responsabilidades equitativas entre las partes negociadoras por una equivocada equidistancia ante el problema. La negociación colectiva previa al 7 de julio ya había convertido a ELA en un sindicato antisistema y a LAB en un colectivo con actitudes impredecibles. Por darles un dato, ELA no ha firmado el convenio del metal de Bizkaia, que es el que afecta a más empresas y a más trabajadores en el territorio, desde el año 1994.  Algunos convenios llevan sin firmarse desde 2009, 2006 y 2003. A partir del 7 de julio, si algo teníamos claro, era que, por el bien de las empresas y de su necesaria adaptación a una caída brutal de pedidos,

no podíamos renunciar a las posibilidades que la reforma ofrecía. Pero, en todo caso, queríamos dejar la puerta abierta a negociar determinados aspectos en aras de un buen acuerdo. Necesitábamos, y seguimos necesitando flexibilidad organizativa para que nuestras ventajas competitivas no se vean lastradas por una regulación rígida y excesivamente proteccionista. Pedíamos sensibilidad hacia la empresa como sujeto también necesitado de derechos para subsistir. En Bizkaia, Cebek logró pactar y firmar todos aquellos convenios colectivos en los que CCOO y UGT eran mayoría en la mesa, lo cual es un reflejo de nuestra voluntad de acuerdo. A día de hoy, la situación dela negociación colectiva es la siguiente: 4 convenios están vigentes; 3 están en ultractividad por decisión judicial; 14 tienen abierta la mesa de negociación, con posibilidades escasas en la medida en que se nos sigue exigiendo renuncia a la reforma laboral; y otros 11 han decaído y no se negocian. En el año 2015 solo se ha firmado

1 convenio. Derivada de esta situación, la subida salarial media en los convenios vigentes de Bizkaia firmados por Cebek ha sido del 0,80% en 2014  y del 0,85% en 2015, frente al 0,58% de subida de los convenios estatales con incidencia en Euskadi. La jornada media de nuestros convenios vigentes es de 1704 horas año frente a las 1755 horas de los estatales aplicados en Euskadi. Estos dos datos, unidos a otras condicionales favorables para el trabajador como son los complementos por IT, las distribución de jornada o el tratamiento de la antigüedad dan un ejemplo de la oportunidad que tanto ELA y LAB han echado a perder para haber cubierto bajo condiciones similares a la mayor parte de los trabajadores ocupados de Bizkaia. La alternativa a esta situación ofrecida principalmente por ELA  ha sido el convenio empresa por empresa con pretensiones de poder obtener condiciones aún más favorables al ser posible una presión mayor. Los datos indican que esta estreategia ha sido un absoluto fracaso. Por una parte, porque el número de convenios de empresa firmados y el número de trabajadores amparados por ellos es sumamente escaso y poco significativo. Y por otra parte, porque lejos de haber logrado una movilización entre los trabajadores lo que ha habido en las mesas es una dejación importante de las reivindicaciones maximalistas a las que nos tienen acostumbrados en sus ruedas de prensa. Esta es la realidad y las consecuencias de su inacción. Ni firman convenios sectoriales, ni tampoco de empresa. Y entre medio, los convenios estatales tratan de ganar terreno a la negociación provincial. Hay materias reservadas por ley a los convenios estatales. En otros casos, son los propios convenios estatales los que se reservan materias que antes eran provinciales cuando no aplican cláusulas de estructura dando prioridad aplicativa a su normativa en determinadas materias. Esta preocupante pérdida de ámbitos de negociación convierte en papel mojado el manido término de marco vasco de relaciones laborales.

 

Somos conscientes que la principal solución pasa por firmar convenios y por proteger su ámbito de aplicación con un acuerdo intersectorial que le dé prioridad aplicativa frente a otro estatal, firma a la que LAB ha renunciado en las últimas fases de la negociación. Pero al mismo tiempo no podemos esconder nuestro pesimismo en revertir una situación en la que una parte mayoritaria de los representantes sindicales se siente cómoda e incluso legitimada por unos resultados electorales que les son favorables. La firmeza de nuestras convicciones ha hecho que el foco de tensión se traslade del sector privado al público. En dicha negociación a nadie se le escapa la importancia de ciertas circunstancias que no se dan en el ámbito privado. El que el negociador esté sometido a juicio político, y por tanto, electoral o el hecho de  la financiación de dicho acuerdo provenga naturalmente de fondos públicos condiciona las posturas enfrentadas en orden a flexibilizarlas o endurecerlas. Derivado de ello considero importante no extender aún más el gap existente entre las condiciones laborales del funcionario público vasco y las de un trabajador amparado por un convenio colectivo sectorial. Flaco servicio haríamos al futuro del País si, en este mundo tan competitivo y tan necesitado de empresarios y empresarias, la esperanza de muchos de nuestros jóvenes fuera trabajar prioritariamente en un empleo de 1592 horas al año, de 8 a 3 y un sueldo muy por encima de la media, durante toda su vida laboral.

 

Con el fin de colaborar en un posible desbloqueo de la negociación colectiva, que lleva casi 20 años atascada, Confebask, por acuerdo de sus tres territorios, presentó en la reunión de la Mesa de diálogo social del pasado 16 de noviembre un documento de trabajo que ofreciera nuestro punto de vista sobre lo que debieran ser las relaciones laborales del futuro más próximo. Su redacción supuso no solo el cumplimiento de un compromiso que habíamos asumido en la propia Mesa sino también un interesante y laborioso proceso de reflexión entre los socios de Confebask. Los tres territorios vascos vivimos situaciones bien distintas en cuanto a relaciones laborales se refiere. Dentro de un mismo territorio los sectores también son bien dispares. E incluso dentro del mismo sector la amalgama de realidades que nos podemos encontrar es enorme. Las causas son variadas, desde las históricas, las sociológicas o las derivadas de un distinto tejido empresarial, por no hablar de que las estrategias sindicales dominantes en cada territorio, que varían en función de la mayoría sindical existente y que dan lugar a una mayor o menor posibilidad de acuerdo. Necesitábamos por ello una armonización,

no para optar por el mismo camino, sino para llegar a un común denominador

en el que quedaran abiertas las posibilidades de adaptación a cada territorio. Y así surge un documento que maneja terminología innovadora y que opino, tiene suficientes aspectos para satisfacer a todas las partes negociadoras que tenga voluntad de acuerdo. Es un documento de parte, naturalmente, lo hemos hecho nosotros, como así será el que han anunciado CCOO y UGT. Pero tanto el de Confebask como el que esperamos recibir de estos sindicatos son bases sobre las que poder negociar.

En Confebask creemos que ha llegado el momento de modernizar las relaciones laborales para conseguir un marco regulatorio más adaptado a las exigencias que la empresa tiene que vivir en la coyuntura económica actual, y que han cambiado drásticamente con la crisis pasada. Un convenio sectorial o uno de empresa

ya no puede suponer un trueque de paz social a cambio de incremento salarial y menos jornada.

 

La obsolescencia de las bases de la negociación, tal y como la entendíamos todos, ha resultado evidente en cuanto las empresas han necesitado tomar medidas de adaptación a las exigencias del mercado. Y lo decimos nosotros que hemos sido y somos unos firmes defensores del convenio sectorial para Bizkaia. La crisis nos ha enseñado que el que se adapta, resiste, y el que está maniatado por una normativa insensible a los cambios, sufre mucho. La adaptabilidad es la clave sobre la que deben forjarse los nuevos consensos laborales y esta flexibilidad que requiere la competitividad de las empresas no es incompatible con la protección de los derechos de los trabajadores. La flexibilidad no significa unilateralidad, ni siquiera tiene por qué suponer más horas de trabajo a un mismo salario.  La flexibilidad debe ser negociada, debe tener un campo de juego pero también debe estar garantizada para que su uso no esté permanentemente cuestionado. Frente a los que creen que es un instrumento de beneficio exclusivo para el empresario o empresaria, diré que por ejemplo también debe ser un instrumento eficaz para poder conciliar la vida profesional con la personal, dando lugar, por cierto, a un mejor reparto de las responsabilidades familiares que favorezcan la más rápida incorporación de la mujer a puestos directivos. Esto también es modernidad. Considerar la empresa como un ámbito de colaboración y no de confrontación es un deseo de Confebask que no difiere en mucho de lo que hemos vivido durante esta crisis en muchas empresas vascas. Colaboración es implicación y es participación, y el mejor cauce para lograrlo es la comunicación, la trasparencia y la atención personalizada a las necesidades de las personas en la medida de lo posible. Porque la implicación, para que sea perdurable en el tiempo, debe ser bidireccional. Desde Confebask, a través del documento, nos comprometemos a fomentar la estabilidad de las personas en la empresa. La temporalidad, aun siendo necesaria en múltiples situaciones, como por ejemplo en esta salida de la crisis, no es el tipo de relación que más favorece ni el desarrollo personal y familiar ni el compromiso con la empresa. Pero mientras no se consoliden los mecanismos de flexibilidad interna y externa, difícilmente podremos reducir la dualidad en contratos. Al mismo tiempo, consideramos importante tanto la inversión permanente de la empresa y del trabajador en formación como el mantenimiento de mecanismos que favorezcan el relevo generacional, como el aprobado recientemente en la Mesa de Diálogo Social. De todas estas reflexiones, aquella que ha recogido la atención de los titulares de prensa es la que vincula incremento salarial con resultados de la empresa. Nuestra propuesta va más allá. No solo es necesario que incrementos salariales estén conectados con la marcha de la empresa sino que la rentabilidad de la misma debe ser especialmente repercutida sobre aquellos que con su productividad y desempeño individual coadyuvan a dicha evolución de la empresa. Y por si alguno piensa mal, no estamos pensando en bonus para directivos. Este modelo de relaciones laborales que les acabo de resumir brevemente no determina cuál debe ser el marco normativo a utilizar. Podemos hablar de convenios sectoriales o de convenios de empresa. En cada territorio, e incluso en cada sector, nos vemos más abocados a uno u otro modelo. Sin embargo, en la no asunción de los principios anteriormente citados está la causa del bloqueo actual en la negociación colectiva. La culpa no la tiene la reforma laboral. Las estrategias sindicales están tan polarizadas que obliga a todas las fuerzas sindicales a desplazarse hacia la radicalidad por no salir descentradas en la foto. Se ejerce mucha presión sobre quién pacta y negocia.

 

Así, las reacciones que se han dado a nuestro documento han sido por tanto absolutamente previsibles, crítica rotunda de los cuatro sindicatos. Quizá ese sea nuestro problema, que somos totalmente previsibles, tanto los que están en el monte como los que no dejan de mirar hacia el monte. Uno dice que este documento es una humillación y que nos quiten las subvenciones. ¿Pero qué subvenciones? Y otra,

que es una salvajada.  Incluso los sindicatos presentes en la Mesa nos han criticado. Les voy a leer un párrafo: “Los convenios colectivos han de promover la racionalización de las estructuras salariales dando entrada a aquellos conceptos que se encuentren vinculados a la productividad y a los resultados de la empresa”. Otro “Los convenios deberían disponer de la flexibilidad interna para facilitar la adaptación competitiva de las empresas manteniendo una adecuado equilibrio entre flexibilidad y seguridad”. Estas líneas, que están recogidas en espíritu en el documento de Confebask son frases textuales del acuerdo sobre Negociación Colectiva firmado este año entre CEOE, CEPYME, CCOO y UGT. Un contenido que allí sí se firma y que aquí hasta el momento resulta imposible de asumirse, incluso para los mismos firmantes a nivel estatal. En este tipo de cuestiones se escapa nuestra ventaja competitiva como País, se escapa nuestro valor añadido. La negociación colectiva estatal asume premisas, herramientas de flexibilidad, que aquí son causa de humillación. Y mientras allí firman en 2015

19 convenios con incidencia en Euskadi, nosotros firmamos 2 en Bizkaia (uno de Cebek). ¿Es este nuestro marco vasco de relaciones laborales? Mientras en las mesas de negociación sigamos percibiendo a la otra parte como un antagonista, seremos incapaces de introducir el ámbito colaborativo en nuestras relaciones laborales. Los convenios colectivos deben ser instrumentos para impulsar la adaptabilidad de nuestras empresas. Es necesario interiorizar esta premisa. No alcanzaremos acuerdos sin reconocer los intereses de la otra parte porque la negociación colectiva no se puede basar en la mejora constante de los derechos adquiridos. Queremos incorporar una mayor sensibilidad hacia la figura del empresario  y sus necesidades. Porque la competitividad de las empresas, es decir, el empleo, están en juego.

 

Y mientras desde Confebask tratamos de allanar el camino pedregoso del acuerdo, ELA y LAB no manejan otro discurso que el de la confrontación. Las llamadas permanentes a la movilización y a la lucha evidencian la parálisis de su estrategia. La abrumadora ausencia de conflictividad en el sector privado no puede tener como causa el miedo de los trabajadores a perder el empleo. Ya no. La recuperación de la actividad económica, aunque sea de forma desigual, está dando como consecuencia los menores niveles de regulación de empleo en muchos años. Creo que la dura experiencia de esta larga crisis ha demostrado el compromiso de la mayoría de los empresarios y empresarias de Euskadi por mantener el empleo y las condiciones salariales existentes. Y del mismo modo, la mayoría de los trabajadores y trabajadoras  han demostrado gran capacidad de comprensión respecto de las consecuencias que un grado de implicación u  otro generan sobre su empresa. Ambas realidades han permitido distintas formas de encauzar tanto las reivindicaciones laborales como la necesidad empresarial de aplicar medidas flexibilidad internas. El dialogo, la comunicación y la trasparencia se han ejercido como hasta ahora no se había hecho, siendo todavía mucho el camino que nos queda por recorrer. De ahí que sean cada vez más incomprensibles las estrategias sindicales basadas en la coacción, en la amenaza o en el mero insulto.

La campaña de ELA iniciada recientemente en la que se señala con nombres y apellidos a empresarios, directivos o dirigentes empresariales como responsables de generar miseria, Piratas les llaman, ahí queda eso, además de ser una burda mentira teniendo en cuenta su gran aportación al desarrollo económico de Euskadi de la gran mayoría de ellos, es lisa y llanamente, violencia verbal. Ha estado muy acertado el consejero Angel Toña en reaccionar rápido y contundentemente en contra de la misma. Hacen incluso el ridículo al colocar a representantes de compañías y territorios con las mejores condiciones salariales del País. Mi reconocimiento por ello y un abrazo especial a Pello y a Alberto aquí presentes. No es la primera vez que esto ocurre. En fechas posteriores al 7 de julio fuimos los dirigentes empresariales vascos los identificados con nuestras caras bajo el insulto de “Putreak” o con pancartas debajo de alguna casa, sin que pudiéramos agradecer excesivos apoyos. Quizá sea por eso que he oído alguna vez por la calle, cuando te dicen “tú tienes que estar acostumbrado a eso”. Pues no, yo no me acostumbraré a eso nunca, ni cuando soy yo el señalado ni cuando lo son los demás. Ni cuando es un insulto ni cuando era una diana. ¿acaso no hemos aprendido nada hasta ahora? ¿a esto se referían cuando anunciaban “otras formas de lucha”? En Confebask defendemos la libertad sindical y su importante papel como agentes sociales, respetamos las distintas formas legales de acción sindical e incluso la posibilidad de que la acción sindical suponga la dejación de las funciones típicas de un sindicato, pero jamás aceptaremos que se traspase la línea roja de la coacción como lo han hecho ahora ELA y el 7 de julio LAB.

 

Quienes por el contrario creemos en el diálogo como el mejor instrumento para el acuerdo, nos hemos sentado entorno a la Mesa de Diálogo Social, que tendrá más o menos recorrido pero que en todo caso refleja una voluntad. En ella, estoy convencido que podemos hacer mucho más, a pesar de que ha habido avances y acuerdos. En su constitución acordamos la necesidad de consensuar medidas que fomentaran la reactivación del empleo, y así se está haciendo. Por la enorme vinculación entre empleo y competitividad de las empresas se pidió la participación del Departamento de Arantxa Tapia, aspecto que creemos importante para el desarrollo del proceso. También creíamos todos que era el foro adecuado para acordar las premisas de un nuevo modelo de relaciones laborales y de negociación colectiva, y con ello hemos empezado. A pesar de que el ritmo de avance sea lento, no seremos nosotros los que abandonemos la Mesa. Tenemos una responsabilidad y queremos ejercerla mientras se nos convoque.

 

Quisiera finalizar, solicitando un compromiso público de todas las instituciones y de la propia sociedad en favor de la vocación empresarial. La calidad de vida y el elevado grado de protección social que nos hemos dotado solo se sostendrá en las generaciones futuras en la medida en la que exista un fuerte relevo generacional en el liderazgo de los proyectos empresariales. Necesitamos una Administración Pública eficaz y competitiva, unos trabajadores bien formados y satisfechos con su trabajo pero si no fomentamos entre nuestros jóvenes, mujeres y hombres, la posibilidad y la recompensa de desarrollar un proyecto empresarial propio, perderemos el tren de la competitividad como País.

 

Actualmente, autónomos, pymes y grandes empresas vascas estamos llamados a liderar la recuperación económica, a seguir aportando esos valores tradicionales de esfuerzo, trabajo, reinversión y prudencia que han ayudado a convertirnos en una región industrializada con un nivel importante de bienestar. Mantengamos en la búsqueda de la imprescindible competitividad lo que considero ha sido durante esta crisis, y hablando en términos generales,  una trayectoria comprometida con las personas y con nuestra tierra. Eskerrik asko.

 Video de la conferencia

 

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