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Discurso del Presidente de CEBEK Iñaki Garcinuño durante el Almuerzo Coloquio posterior a la Asamblea General de CEBEK

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En el marco de la Asamblea General de CEBEK se celebró el Almuerzo Coloquio con la asistencias del Lehendakari Iñigo Urkullu, los consejeros de Empleo y Políticas Sociales, Ángel Toña, y de Desarrollo Económico y Competitividad, Arantxa Tapia, así como del diputado vizcaíno de Presidencia, Unai Rementeria, y el alcalde de Bilbao, Ibon Areso, además de gran número de representantes del mundo económico-empresarial de Bizkaia-Euskadi.

A continuación reproducimos el Discurso pronunciado por el Presidente de CEBEK Iñaki Garcinuño.

“Lehendakari  jauna,

Bizkaiko Lehendakaritzako Foru Diputatua,

Alkate jauna,

Eusko Jaurlaritzako Sailburuak ta Bizkaiko Foru Diputatuak,

Confebaskeko eta beste enpresarien erakundetako presidenteak,

Lagunok,

Aurton ere, eskerrak eman nahi dizkizuet gure konfederazioarentzat hain garrantzitsua den egun honetan berton egoteagatik.

Beste enpresa-topaketa bat amaitu berri dugu, eta, bertan, gure enpresen lehiakortasuna hobetzeko moduak izan ditugu hausnargai: “nola hobetu geure lehiakortasuna”. Gai hori aukeratzean, nahita saihestu nahi izan ditugu aurreko urteetan hain nabariak izan diren terminoak: “krisia” edo “susperraldia”, esate baterako. Horrela, bada, argi eta garbi adierazi nahi dugu geure susperraldi ekonomikoa sendotzeko prozesu honetan guretzat erabat ezinbestekoa dela geure enpresen lehiakortasuna sustatzeko neurriak ezartzea, arlo publikoan nahiz pribatuan.

Queridos amigos y amigas. Es un enorme placer para todas las personas que formamos Cebek poder compartir con vosotros y vosotras este importante momento que gira en torno a nuestra Asamblea General anual y que con vuestra presencia lo hacéis más destacado si cabe. Este año, a pocos días de las elecciones municipales y forales del 24 de mayo, tiene de especial el hecho de que ser probablemente uno de los últimos actos públicos de nuestro alcalde de Bilbao Ibon Areso, que con tanta brillantez y mesura ha sabido llevar a buen puerto el final de algo más que una legislatura. Queremos aprovechar este acto, Alcalde, para agradecerte tantos años de dedicación y de buen hacer. Mila esker zure presentziagatik eta Bilbon egindako lanagatik. También queremos despedir con mucho cariño a quien ha sido Diputado General de Bizkaia durante 12 años.       Jose Luis Bilbao, que repetidamente nos acompaña en nuestras Asambleas, no ha podido acudir hoy  a este acto por una cuestión de agenda pero queremos también agradecerle su cercanía y dedicación hacia el mundo de la empresa, y desearle lo mejor para el futuro. Mila esker zuri ebe bai José Luis.

Vivimos con esperanza y con prudente optimismo el comienzo de un nuevo ciclo económico que en términos generales se muestra positivo pero que por distintos motivos nos obliga aun a ser prudentes. Somos conscientes de que la crisis no terminará hasta que el crecimiento económico se refleje en todos los sectores económicos y tenga como consecuencia una reducción de la tasa de desempleo, actualmente en niveles inapropiados para un país desarrollado como es el nuestro. Pero sí podemos dar por finalizado un ciclo recesivo que, tras más de seis años de penurias, exige de nosotros y nosotras el aprendizaje de muchas lecciones. De entre todas ellas, destacaría el enorme papel jugado por nuestro tejido empresarial para sostener el empleo y para garantizar los ingresos económicos necesarios que para cubrir la creciente demanda de protección social existente en Euskadi. El proyecto de país compartido durante décadas por las diferentes Administraciones Públicas y por la iniciativa privada, entre la que no puedo dejar de destacar el compromiso de miles de empresarios y empresarias, ha traído como consecuencia un impacto más atenuado de los efectos de esta dura crisis. Mantener esta visión compartida, que nos haga recuperar una calidad de vida menguada para muchos, exige de todos los agentes implicados la renovación bajo nuevos parámetros de determinados compromisos.

En el ámbito privado, empresarios y empresarias debemos seguir asumiendo la responsabilidad social que todas nuestras iniciativas empresariales generan. Nuestros proyectos, nuestras contrataciones, nuestras compras generan tal impacto sobre nuestra comunidad más cercana que tales decisiones exceden el ámbito del propio interés personal o de nuestra empresa. Nos debemos, y nos deben, reconocer corresponsables del grado de desarrollo económico y social logrado por nuestro territorio y nuestra Comunidad pero, sin necesitar que nadie nos lo exija, y menos aun quien no colabora en ello, nos debemos sentir corresponsables en el objetivo de dejar un país más desarrollado y más cohesionado a las generaciones futuras. Mantengamos en la búsqueda de la imprescindible competitividad lo que considero ha sido, en términos generales,  un recorrido modélico durante estos años de decisiones exigentes.

En lo que concierne a los poderes públicos, y recordando las lecciones de esta crisis, es urgente alejar de los vaivenes de la política el compromiso que las diferentes Administraciones y partidos políticos deberían asumir para convertir a la empresa, y a la industria en particular, en el centro de sus políticas y de sus diferentes actuaciones. Bajo la premisa de que el empleo lo genera mayoritariamente la empresa, y en su caso, el empresario o empresaria con su iniciativa emprendedora, y que la actividad económica sólo es el contexto en el cual el empleo se crea o se destruye, debería existir un consenso político que reconociera tal importante papel y fomentara desde ámbitos educativos tempranos las ventajas individuales y colectivas de la iniciativa empresarial.

En el mismo orden de cosas, y ante recientes  veleidades  centralizadoras, considero urgente la puesta en valor de nuestra foralidad y de su instrumento financiero, el Concierto Económico, como motores de nuestro actual desarrollo económico. El Concierto Económico no es una concesión o un privilegio, como lo quieren vender algunos. Debemos recurrir a la historia y recordar que el Concierto Económico, anclado en el decreto de Cánovas de 1878, se consideró una mínima compensación ante la abolición de nuestro sistema foral y ante la imposibilidad de la Hacienda española de recaudar impuestos en un territorio en el nunca antes los había recaudado. Su uso es una muestra de nuestra identidad y a la vez, un ejercicio de responsabilidad constante en la medida en la que nuestro bienestar depende exclusivamente de nuestra capacidad para generar riqueza. Es necesario apurar todas sus potencialidades para generar un territorio atractivo y diferenciado. Y con la misma firmeza deberíamos reaccionar ante la constante y muy preocupante merma competencial que sufre nuestro marco legislativo autonómico, herramienta decisiva en nuestro desarrollo económico.

 

 

¿Cómo mejoramos la competitividad de nuestras empresas? Son muchos los planos, tal y como hemos visto en el Encuentro Empresarial, bajo los que podemos responder a esta cuestión. En un entorno macroeconómico mucho más favorable del que nos imaginábamos hace sólo un par de años, precio del petróleo, paridad euro-dólar o actuación decidida del BCE, es necesaria la adopción de iniciativas públicas y privadas, a nivel más local, que consoliden la posición competitiva de nuestras empresas respecto de su entorno. Nadie cuestiona las ventajas de un tejido empresarial internacionalizado, más aun si entre las prioridades de esas empresas vascas multilocalizadas está el compromiso de no mover de Euskadi el centro de decisión, el I+D o el know how de la empresa. Ni tampoco se cuestiona la importancia de tener y de favorecer un potencial innovador e investigador capaz de absorber el talento interior y, por qué no, el exterior. Sin embargo, quiero destacar algún comportamiento sobre el que no existe una suficiente sensibilidad ni en lo público ni en lo privado, a diferencia de otros territorios, y que podría favorecer la consolidación de nuestras empresas. Me refiero a las enormes y positivas consecuencias que tendría la revisión de los procesos de compras a fin de orientar, en condiciones semejantes, el destino de dichas compras hacia proveedores locales. Bizkaia y Euskadi producen tal variedad de productos que sería difícil justificar la compra externa en la mayoría de los casos. Esta sensibilidad, reflejada en los procedimientos internos de la compañía, es un valor propio de la responsabilidad social corporativa y de la solidaridad entre empresas de un mismo territorio que debería formar parte de nuestro ADN empresarial, como tantas cosas más, Este es un elemento de competitividad sobre el que tenemos gran influencia las personas que hoy estamos aquí.

En el ámbito público, hace tiempo que venimos reclamando que la Administración Pública no debería beneficiarse a través de los concursos públicos de la situación de debilidad de las empresas vascas, tan necesitadas de actividad que son capaces de deteriorar un sector entero a golpe de rebajas de precios desmesuradas. Esa compra barata, justificada como un pretendido ahorro para la sociedad, suele esconder la aceptación de ofertas que podrían entrar en baja temeraria, la aceptación de productos independientemente de su calidad o el establecimiento de precios máximos de licitación que no dejan margen al beneficio. La Ley de Contratos Públicos, que es necesario cumplir, ofrece amplios cauces para la valoración subjetiva de una oferta. Consideremos el retorno fiscal que una compra pública, sensible a lo local, generaría en IVA, Sociedades, retenciones de IRPF y mantenimiento o creación de empleo, por no hablar del conocimiento que se trasmite al exterior con cada concurso perdido por una empresa nuestra. La cada vez mayor presión social que soportamos los empresarios y empresarias para la creación de empleo estable y de calidad no es compatible con este comportamiento, por lo que solicito a todas nuestras administraciones públicas la misma sensibilidad que existe en otras comunidades y países por fomentar las compras hacia proveedores locales.

 

 

La formación continua de trabajadores y  de personas desempleadas es otro de los elementos que, sin duda alguna, mejoran nuestra competitividad. Las empresas vascas aportamos a través de las cotizaciones sociales importantes recursos que se dedican a la formación de nuestros trabajadores y trabajadoras, siendo Hobetuz la entidad encargada de gestionar dicha formación. Las empresas han depositado su confianza en las Organizaciones empresariales desde hace muchos años para que desarrollemos, a demanda de las mismas y como buenos conocedores de sus necesidades, actividades de formación continua, por cierto, con un muy elevado nivel de satisfacción. Frente a lo que pudiera pensarse, de los fondos para formación que gestiona Lanbide, las organizaciones empresariales solo gestionamos el 4,8% de los mismos. En un ambiente éticamente normalizado no debería suponer un mérito afirmar que el funcionamiento de esta institución, en la que estamos presentes sindicatos y organizaciones empresariales, ha estado exenta en sus 20 años de existencia de cualquier tipo de fraude o malas prácticas. Bien al contrario, un comportamiento responsable por quienes gestionábamos esa formación y unos controles exhaustivos por parte de la entidad, han hecho que el modelo vasco haya sido un ejemplo a seguir. Sin embargo, un Real Decreto recientemente aprobado por el Gobierno español hace pagar a justos por pecadores limitando nuestra actuación, e invadiendo nuevamente mediante legislación básica una competencia transferida.

Presumiblemente, sindicatos y organizaciones empresariales no sólo perdemos la capacidad de ejecutar actividades formativas para empresarios y trabajadores. Perdemos, y no oculto nada al decirlo, una fuente de ingresos cuyo importe estaba tasado, era público, tenía correlación por un trabajo satisfactoriamente realizado y provenía de unos fondos que, como he dicho antes, son aportados por las empresas. Las organizaciones empresariales no recibimos financiación pública a fondo perdido, a pesar de que, como agentes sociales reconocidos por la Constitución, desempeñamos una actividad necesaria que excede el ámbito de nuestras empresas asociadas, a excepción de nuestra presencia en los consejos de diferentes organismos públicos, que está remunerada por el ejercicio de una responsabilidad y de un servicio.  Siendo esta la realidad, cada vez se hace más necesaria la existencia de una normativa que regule el sostenimiento económico de nuestras organizaciones empresariales, tal y como empieza a verse en otras CCAA. Y cuando esto reciba las críticas de los de siempre aludiendo al sostenimiento público de una parte de nuestros presupuestos, la sociedad debería recordar que el ejercicio de la llamada acción sindical en el ámbito público está valorada por algunos medios en nada menos que 18 millones de euros al año, a lo que habría que sumar el coste que supone a las empresas.

En cualquier caso, seguiremos trabajando con responsabilidad por mejorar la competitividad de nuestras empresas y por trasladar sobre el empleo la suave y progresiva mejoría de la economía en el menor tiempo posible. Pero la generación del empleo no depende de la voluntad exclusiva del empresario o de la empresaria. Se deben generar las condiciones para la contratación tanto en actividad económica como desde el punto legislativo y de costes. El mantra de la precariedad se repite como una letanía ocultando la verdadera y mayoritaria realidad de las condiciones laborales de nuestro territorio. El 74% de los contratos actualmente existentes en Euskadi son contratos indefinidos, el porcentaje más elevado de todo el Estado. El 81% a jornada completa. Acabamos de pasar al segundo puesto en el ranking de los salarios medios más elevados, derivado de tener los convenios colectivos más caros y con menor jornada laboral de toda España. Si en las nuevas contrataciones predomina el contrato temporal es derivado de una coyuntura inestable. Si por precariedad entendemos temporalidad, nuestras empresas conocen la precariedad de unas ventas inciertas y no garantizadas. Si por precariedad entendemos bajos salarios, nuestras empresas viven la precariedad de unos márgenes en ocasiones inexistentes. Como sabéis, y la frase no es mía, los salarios de todas las personas que forman la empresa no los pagan los empresarios y empresarias, los pagan los clientes con sus pedidos.

Queridos amigos y amigas, os agradezco una vez más vuestra cercanía a nuestra organización y renovamos una vez más nuestro compromiso de trabajar con honradez y transparencia por nuestras empresas y por todo el territorio de Bizkaia.

Mila esker ta on egin.”

 

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